Por Mauricio Diagama Durán
En los últimos años, aunque de manera silenciosa, han venido ocurriendo cambios en la vida económica y política del mundo, que no son menores, y que están rompiendo con la aparente línea recta que llevaba la globalización.

Ahora bien, mirando de manera preliminar algunas de esos cambios, que se hacen evidentes con el renacer de los gobiernos de extrema derecha o de izquierda, y sus discursos y prácticas nacionalistas y proteccionistas, en muchos países de distintos continentes, se podría decir lo siguiente:
1. Hasta ahora no se observa que el capitalismo, como sistema económico esté en crisis o que se vaya a acabar como esquema dominante; pero sí es evidente que hay un giro en cuanto a que el comercio internacional, otra vez, está dejando de ser el principal instrumento de integración entre naciones, para convertirse en un espacio de confrontación entre poderes regionales o países.
Y si bien la economía mundial se ha transformado, pues los mercados ahora son más que nunca globales o regionales, las multinacionales dominan casi todos los escenarios, los grandes inversionistas son de todas partes, las personas se desplazan de sus lugares de origen para conseguir mejores oportunidades económicas en otros países y los desarrollos tecnológicos están cada vez más presentes en todos los procesos y operaciones empresariales, al mismo tiempo parece haber un sentimiento de querer volver al pasado, es decir a la vida organizada según la geografía local o nacional del siglo XX o incluso de finales del XIX.
Esto sucede porque, en simultánea, hay grandes esfuerzos económicos y políticos de parte de medianos empresarios del campo y grandes industriales, de distintos países y regiones de la tierra, para revertir tales procesos. Desde personas inconformes porque su competencia internacional les exige mayores estándares de calidad o mejores esfuerzos por mantener sus mercados conquistados, hasta personas inmensamente ricas, que creen que no ganan lo suficiente en ese espacio menos seguro que el nacional, están promoviendo el fin de la globalización y el regreso al nacionalismo. Ni que decir de muchos sindicatos industriales y gubernamentales, que han venido perdiendo poder al disminuir sus afiliados.
Además, hay políticos, académicos y consultores, que se sienten perjudicados, porque sus públicos se han reducido y los actuales, les cuestionan sus ideas, conocimientos y comportamientos, frente a sus similares del espacio global.
Por último, las comunidades olvidadas, desconectadas y apartadas de muchos continentes, que no participan de los beneficios económicos derivados de la tecnología, la disponibilidad de mejores bienes y servicios y de mejor calidad y de las oportunidades de empleo y negocios surgidas de unos mercados más abiertos.
2. De otro lado, mientras subsisten los tres esquemas diferentes de estado, según sea la participación del aparato estatal en la economía o las relaciones económicas con los demás países, la manera como se está organizando cada país internamente para enfrentar esa nueva realidad económica y como se está relacionando con otros, sí ha variado.
Primero está el esquema del estado liberal, que, a pesar de su enorme tamaño estatal, y que promueve el desarrollo empresarial autónomo, las inversiones privadas y la libertad de los mercados, pero que está basado en un mercado interno poderoso y que se soporta en el comercio internacional para su crecimiento. Pues bien, ese mismo estado, está hoy buscando reducirse en el número de instituciones y de empleados públicos, aunque sigue siendo poderoso en la intervención económica. Y, además, está apuntando a que su economía se centre más en sus actores nacionales, en muchas exportaciones y en muy pocas importaciones. Es decir, está tratando de volver al mercantilismo europeo del siglo XIX, pero ahora comandado desde los Estados Unidos de América.
Un segundo esquema, es de los países donde el dominio económico es total, o casi total, del aparato estatal, y que lleva un proceso controlado de apertura al mundo, especialmente en lo relacionado con exportaciones, importaciones e inversiones. Es decir, el modelo del libre comercio internacional, dirigido desde un estado central y administrado por un partido político que lo concentra todo, pero que ahora combinado con sectores donde el capitalismo puro es aceptado y promovido, alcanza altos niveles de riqueza. Acá lo que se está buscando es ampliar sus mercados internacionales, su comercio internacional, sus flujos de capital y su tecnología hacia el resto del mundo, pero sin grandes aperturas políticas, como es el caso de China.
Y un tercero esquema, ampliamente presente, cuya principal característica es la combinación de pocas empresas grandes pero muy poderosas, con muchas organizaciones privadas, pequeñas y medianas, y con un aparato estatal enorme, intervencionista, regulador y en ocasiones empresario. Acá las relaciones comerciales internacionales son claves para su desarrollo, por lo que cada país está buscando acomodarse entre las dos fuerzas anteriores, y sus propias aspiraciones internas, mientras que su principal reto consiste en responder a las políticas promovidas desde algunos de sus propios actores económicos, sin dejar de obtener los beneficios de las relaciones internacionales.
Pues bien, a partir de estos tres esquemas, el problema actual para la comunidad nacional de cada país, es otra vez, el cómo reorganizar su economía nacional, pues mientras muchos le apostaron al libre comercio en el siglo XX, hoy hay grandes poderes tratando de regresar a las viejas prácticas sustentadas en el proteccionismo extremo, el nacionalismo a ultranza, la búsqueda de empleos atados a los modelos de desarrollo hacia adentro, y por lo tanto en el desmonte de las decisiones que sustentaron la globalización económica. Lo que, entre otros temas, podría plantea ir contravía de la tecnología moderna, que está tan fuertemente asociada con el libre movimiento de ideas, conocimientos, personas, cosas y capitales.
3. En tercer lugar, si el cambio que promueve el acelerado y masivo desarrollo tecnológico actual, ha convertido a la tecnología misma en un mundo independiente, poderoso y con dinámicas propias, pero con reglas poco claras y, por tanto, desbordada en su uso y consecuencias, entonces no es claro cómo con modelos proteccionistas y nacionalistas se responderá a esa nueva dinámica productiva, económica y comercial.
Acá a nadie escapa que hay campos y beneficios económicos nuevos, derivados de ese proceso, tales como los generados por los negocios digitales, los E- business o el E- commerce, la robótica, la telemedicina, la producción sin la intervención del hombre, la inteligencia artificial o el manejo electrónico de datos, que han reemplazado a muchos procesos sustentados en el contacto físico entre seres humanos, mientras que las transacciones electrónicas siguen creciendo a velocidades extraordinarias, cambiando las relaciones espaciales y humanas entre compradores, vendedores, proveedores y financiadores, pero también entre empleadores, empleados y ciudadanos del mundo entero.
En ese caso, sólo la tecnología de la información, por ejemplo, también ha dispersado los conocimientos entre la gente del común, aunque al mismo tiempo, ha permitido que la desinformación se vuelva una amenaza grave. O que los delitos informáticos estén disparados en el mundo entero.
Y este proceso viene acompañado de nuevos espacios políticos y sociales, sustentados en las redes sociales, el internet, la nube o el espacio virtual, que se soportan en otra realidad, en la verdad relativizada y en la generación de nuevas interacciones humanas.
4. En cuarto lugar, otro gran cambio que está ocurriendo en el mundo, es el asociado con la vida política, en especial, con la democracia liberal.
Hoy la democracia liberal clásica, basada en la separación de poderes, elecciones libres, políticos profesionales, normas precisas que regulan los deberes y derechos en cada sociedad, y soportada en instituciones relativamente independientes, está migrando, hacia modelos más autoritarios y sin reglas precisas, pero claramente apoyados en procesos electorales y con apoyo ciudadano, donde además, los partidos políticos, los espacios de debate público, los medios de comunicación, las universidades y los centros de estudios y pensamiento están amenazados en su autonomía.
En este caso, los poderes económicos y los de la fuerza, son los más usados para imponer las decisiones, en detrimento del estado de derecho liberal, mientras que se está imponiendo el discurso positivista que sólo emplea las categorías excluyentes de amigo o enemigo, para describir las relaciones con los demás. Por lo tanto, los derechos ciudadanos se están limitando mientras que la persecución y la violencia verbal y mediática son comunes y donde es natural promover las agresiones físicas para producir resultados inmediatos. En ese escenario, la guerra o el terrorismo son fundamentales para este tipo de modelos de acción política.
Y esto ocurre mientras que los empresarios o personas ajenas al ambiente político tradicional, están accediendo a la dirección de los aparatos estatales, en una abierta competencia con los políticos y más bien en función de intereses particulares.
Es evidente entonces que esta respuesta autoritaria, que además es nacionalista, proteccionista y centrada en espacios nacionales, está provocando otro tipo de sociedad, que se parece a la existente en la Europa de finales del siglo XIX.
De otro lado, en el caso de los países con modelos no liberales de democracia, pero con formas de capitalismo de estado o combinadas con algo de intervención privada, estos esquemas siguen en la línea del Estado que lo controla todo y por lo tanto donde tales libertades no existen. Acá la búsqueda de la democracia liberal produce esa misma crisis, pero con características distintas.
Por tanto, ni la democracia liberal ni el totalitarismo estatal actuales, son iguales a los existentes en el siglo XIX o en el XX, pero si hay un gran esfuerzo por mover a la sociedad hacia esas mismas épocas.
5. Finalmente, en el orden internacional, si bien persisten dos claros enfoques y dos formas de actuar de los países – uno basado en el uso de la fuerza, las amenazas y el matoneo económico y político, y otro que trata de mantener el uso de las herramientas de cooperación, el comercio internacional y el diálogo directo – también es evidente que hay una crisis del sistema global surgido del final de la segunda guerra mundial.
En este campo, mientras algunos países poderosos están desconociendo a las instituciones internacionales – que fueron impulsadas por ellos mismos para tratar de evitar las guerras -, el derecho internacional, los tratados entre países, y por tanto las reglas de la guerra, el derecho humanitario y los conocimientos acumulados por la humanidad frente a los derechos universales de los pueblos y comunidades diferentes, el resto del mundo está sujeto a las agresiones directas, el chantaje, el empleo de armas cada vez más sofisticadas apoyadas en tecnología de última generación y las sanciones directas y unilaterales, acompañadas de violencia.
En tal situación, muchos países están buscando preservar esas mismas reglas e instituciones, o incluso mejorarlas, pero sin el poder suficiente para hacerlas cumplir y sin algo distinto que la voluntad de las partes que antes se acogieron a ellas de manera entusiasta después del desastre provocado por las dos guerras mundiales.
6. Este panorama muestra entonces que estos cambios, no son menores, y que hay una tendencia a buscar el desmonte de la política de la globalización, y por lo tanto que en muchos escenarios se está luchando en contra de ella. Tanto empresarios, sindicatos políticos, comunidades apartadas y académicos que se oponen a ella, están ganando espacio en sus espacios nacionales y están impulsando decisiones contrarias a ella.
Sólo que las consecuencias de ese cambio son preocupantes para la humanidad, pues mientras las evidencias muestran que, a pesar de todo, el comercio internacional, la globalización y la tecnología siguen su curso, y que pueden traer mayor bienestar, también se está viendo que hay nuevas fuerzas que están afectando las relaciones pacíficas entre sociedades, al acudir al proteccionismo, el autoritarismo y el nacionalismo extremos, como formas de solución apropiadas.
Por tanto, este tipo de cambio está llevando al recrudecimiento y aparición de nuevas guerras, donde su número, volumen y dimensiones son aterradores, y donde el nuevo crecimiento de las estructuras militares aunadas al desarrollo tecnológico, pueden llevar a una catástrofe global. En este escenario, tanto el estado de derecho, que ha perdido importancia, como la riqueza, excesivamente concentrada, así como las crisis humanitarias, son cada vez más comunes.
Y todo esto puede derivar en nuevas políticas económicas y comerciales, internas y externas, basadas en el colonialismo y la segregación política, racial, religiosa, económica y social, tal como hace mucho tiempo no se hacían evidentes en el mundo.
E Incluso en el detrimento de valores como la equidad, la solidaridad en la lucha contra la pobreza, la persecución de las desigualdades, el enfrentamiento de los problemas ambientales, la atención de las enfermedades básicas y los asuntos propios de la educación, así como de las diferencias entre personas, ciudades, regiones y grupos sociales.
Queda entonces la pregunta de que si lo que está ocurriendo es en realidad la consecuencia de la manera como se administró la globalización y de si el hecho de que haya muchos luchando en contra de ella, indicaría, de manera dramática, que los beneficios del libre comercio internacional, como política económica global, no le llegaron a todos por igual y que más bien profundizaron las desigualdades económicas y sociales.
Autor: Mauricio Diagama Durán – Profesor de geopolítica y política exterior colombiana en la Escuela Superior de Guerra. Investigador y profesor en varias universidades de Colombia y el extranjero. Administrador público, especialista en negocios internacionales y máster en seguridad nacional y defensa.
(Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente del autor y no reflejan necesariamente los puntos de vista de World Geostrategic Insights).






